El efecto visual de una poda: Topiaria a pequeña escala.

Paseando por los alrededores de la Plaça de Castelao vi de lejos unas manchas de un color azul grisáceo que llamaron mi atención.

Localización

A medida que me acercaba, esas manchas cobraban formas geométricas ovaladas y redondas. Resultaban ser arbustos de porte bajo recortados y podados de una forma que atraen la mirada tanto a media distancia como de cerca.

Esta poda artística, aunque el ejemplo presente es modesto y a pequeña escala, se denomina topiaria, palabra que proviene del latín topiaria (“jardinería”) y esta, a su vez, deriva de topiarius (“jardinero decorador”). Consiste en dar formas geométricas, tanto rectilíneas como ovaladas, a arbustos de diferentes portes.

Este tipo de poda ornamental alcanzó su esplendor en el Renacimiento con los jardines italianos de corte formal, desarrollándose posteriormente en el siglo XVII en los jardines franceses teniendo como figura principal a André Le Nôtre. Su evolución ha llegado hasta nuestros días donde jardineros muy especializados realizan esculturas vivas de gran tamaño imitando animales e, incluso, dinosaurios.

La planta usada en este caso es Teucrium fruticans (“olivilla” en castellano, “teucri blau” en catalán) natural del sur de la Península Ibérica. Es una planta que tolera muy bien la poda, incluso a lo largo del año, por este motivo se usa con frecuencia para hacer esculturas y setos. De hecho, es uno de los arbustos más comunes en los espacios verdes de Barcelona por su rusticidad.